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Las Escapadas del Profe UrregoLas Escapadas del Profe Urrego

No era fácil que Antonio José Caballero pasara desapercibido en ninguna parte del país y del mundo que recorrió incansablemente por espacio de 5 décadas de su preciosa existencia. Caballero, se destacaba siempre por su estatura física, su cabellera al viento, pero más aún por su estatura profesional, inconmensurable y sin parangones porque a los genios es imposible repetirlos y Antonio fue eso: un genio del periodismo o para hablar en los términos que me corresponden, un campeón o un “monstruo” del reportaje, sobre todo radial.

Fui su compañero de empresa por más de 25 años en RCN-Radio y compartimos las aventuras del deporte del ciclismo algunas veces, algunos años, pero del resto de sus aventuras periodísticas solamente fui “testigo auditivo” escuchándolo diaria y nochemente o en la radio u oyéndolo a él personalmente contar con pelos y señales las peripecias de un reportero que se le midió a todo y a todos los componentes de un país y de un mundo convulsionado tanto en la guerra como en la paz, ya en el Vaticano o en el Caguán.

Para Caballero no hubo misión imposible porque todo lo hizo posible a nivel de una noticia o un reportaje para la radio. Estuvo en los palacios de los presidentes, abordó los personajes más disimiles de la vida nacional y mundial, incluidos los más poderosos y los más humildes, preguntando a todos, cuestionando lo que le pareció cuestionable a todos por igual, sin distinciones de ninguna naturaleza.

Antonio José fue siempre un pasajero del mundo, un andariego sin par detrás del personaje, el evento, la noticia. No había horario, ni fecha, ni calendario en su trabajo. Su compañera más fiel fue una maleta siempre lista para viajar a cualquier confín y su mejor amigo, el pasaporte con el cual salió del país ha cualquier hora, en cualquier medio, hacia cualquier destino, empujado por el afán de llegar primero al centro de la noticia.

Tuvimos la fortuna de llevar a cabo nuestras conversaciones casi siempre en italiano, idioma que él amaba tanto como yo y que cada uno en su momento pudo aprender. A Caballero el italiano le sirvió siempre para ser reconocido como el “Vaticanólogo” más prominente del país, hasta el punto de ser admirado y apreciado por sus conocimientos y seriedad en los temas eclesiásticos, por el propio poder de la iglesia católica en Roma y en Colombia.

Lo mismo sucedió con el poder político, económico y social. Igual con el deportivo, donde se movía como pez en el agua pues siempre estaba perfectamente enterado de los aconteceres en las canchas, las pistas y los escenarios deportivos. Hablaba con la misma propiedad del deporte como de la política.

Su escritorio y su puesto de trabajo en RCN quedaron tapizados con docenas de fotos en los que aparece con los más importantes personajes que tuvieron el privilegio de ser entrevistados por un reportero de alto calibre al que solo le importaron la razón y la esencia de su trabajo, esto es, la búsqueda de la mejor información posible para sus oyentes.

No en vano estuvo con nosotros en el Clásico RCN, la Vuelta a Colombia, el Tour de Francia, la Vuelta a España, el Giro de Italia, y allí trabajó siempre en lo suyo: la crónica, la mirada sagaz y el reportaje diferente a nuestro campeón o también a otros campeones, o también sobre el país, región y el entorno donde nos encontrásemos. Nos queda un lote completo de sus anécdotas y de sus historias.

Amante de las corridas de toros, el buen vino y el buen comer, conocedor de la gastronomía de tantos países por donde anduvo, Antonio José Caballero era un contertulio admirable y admirado, epicentro de las reuniones en las que participaba a pesar de que se declaraba tímido pero yo creo que solo de fachada porque al contrario, eran el arrojo y la determinación quienes le acompañaban en su interior para hacer lo que hizo en el campo del periodismo.

Hoy hemos recibido, todos sus amigos y colegas así como quienes le conocieron, la triste noticia que señala al fin de la existencia de un buen amigo, mejor periodista y ejemplo de valor por el estoicismo con el que enfrentó la enfermedad que se lo ha llevado a un mundo nuevo donde seguramente seguirá ejerciendo su oficio de periodista para la eternidad. Apenas 24 horas antes de su muerte, Caballero trabajaba como si nada estuviese pasando en su organismo, lidiando seguramente el dolor que le aquejaba con la alegría de sentirse frente a un micrófono o una grabadora, o en el estudio de la emisora aunque para él los estudios siempre estuvieron en las calles, los campos, las ciudades grandes o pequeñas, los palacios y las aldeas.

Se nos ha ido física pero no espiritualmente Antonio José Caballero. Su recuerdo, sus reportajes, enseñanzas y formas de hacer el periodismo radial seguirán siendo aplicados por quienes le suceden y se recordarán siempre su forma, estilo y convicción del reportero. Por ello y por muchas cosas más es que al escribir estas letras con el corazón arrugado por la tristeza, afirmo que hemos perdido al CAMPEON DEL REPORTAJE. Paz en su Tumba.


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